Astrología culta y erudita

Toda ciencia es predictiva, la astrología tambien lo es

 

 

 

 

EL JEROGLIFICO DE CÁNCER

RENÉ GUÉNON

 

En el curso de nuestros diversos estudios, hemos tenido frecuente oportunidad de aludir al simbolismo del ciclo anual, con sus dos mitades ascendente y descendente, y en especial al de las dos puertas solsticiales, que abren y cierran respectivamente esas dos mitades del ciclo y están en relación con la figura de Jano entre los latinos como con la de Ganesha entre los hindúes2. Para comprender bien toda la importancia de ese simbolismo, ha de recordarse que, en virtud de la analogía de cada una de las partes del Universo con el todo, hay correspondencia entre las leyes de todos los ciclos, de cual-quier orden que fueren, de suerte que el ciclo anual, por ejemplo, podrá entenderse co-mo una imagen reducida, y por consiguiente más accesible, de los grandes ciclos cósmi-cos (una expresión como la de "gran año" lo indica con bastante claridad), y como un compendio, si así puede decirse, del proceso mismo de la manifestación universal; es, por otra parte, lo que da a la astrología toda su significación en tanto que ciencia pro-piamente "cosmológica".

Siendo así, los dos "puntos de detención" del curso solar (es el sentido etimológico del vocablo "solsticio") deben corresponder a los dos términos extremos de la manifes-tación, sea en su conjunto, sea en cada uno de los ciclos que la constituyen, ciclos que están en multitud indefinida y que no son sino los diferentes estados o grados de la Existencia universal. Si se aplica esto más particularmente a un ciclo de manifestación individual, tal como el de la existencia en el estado humano, podrá comprenderse fácilmente por qué las dos puertas solsticiales se designan tradicionalmente como "la puerta de los hombres" y la "puerta de los dioses". La "puerta de los hombres", correspondiente al solsticio de verano y al signo zodiacal de Cáncer, es la entrada en la manifestación indi-vidual; la "puerta de los dioses", correspondiente al solsticio de invierno y al signo zo-diacal de Capricornio, es la salida de esa misma manifestación y el paso a los estados superiores, ya que los "dioses" (los deva de la tradición hindú), al igual que los "ángeles", según otra terminología, representan propiamente, desde el punto de vista metafísi-co, los estados supraindividuales del ser3.

Si se considera la repartición de los signos zodiacales según los cuatro trígonos elementales, se ve que el signo de Cáncer corresponde al "fondo de las Aguas" es decir, en sentido cosmológico, al medio embriogénico en que están depositados los gérmenes del mundo manifestado, gérmenes correspondientes, en el orden "macrocósmico", al Brahmânda o "Huevo del Mundo", y, en el orden "microcósmico", al pinda, prototipo formal de la individualidad, preexistente en modo sutil desde el origen de la manifestación cíclica, como una de las posibilidades que deberán desarrollarse en el curso de di-cha manifestación4. Esto puede igualmente ser referido al hecho de que el signo de Cáncer es el domicilio de la Luna, cuya relación con las Aguas es bien conocida, y que, como las Aguas mismas, representa el principio pasivo y plástico de la manifestación: la esfera lunar es propiamente el "mundo de la formación", o el dominio de la elaboración de las formas en el estado sutil, punto de partida de la existencia en modo individual5.

4 Ver L’Homme et son devenir selon le Vêdânta, cap. XIII y XIX. La analogía constitutiva del "mi-crocosmo" y el "macrocosmo", considerados en este aspecto, se expresa en la doctrina hindú con esta fórmula: "Yathâ pinda, tathâ Brahmânda", ‘tal el embrión individual (sutil), tal el Huevo del Mundo’. 5 Ver ibid., cap. XXI. Hemos señalado en diversas ocasiones la identidad del "mundo de la forma-ción" o Yetsiráh, según la terminología de la Cábala hebrea, y el dominio de la manifestación sutil. 6 Sobre estas formas geométricas correspondientes respectivamente a los tres mâtrâ de Om, véase ibid., cap. XVI. Conviene recordar a este respecto que el punto es el principio primordial de todas las figuras geométricas, como lo no-manifestado lo es de todos los estados de manifestación, y que, siendo no-formal y "sin dimensiones", es en su orden la unidad verdadera e indivisible, lo que hace de él un símbolo natural del Ser puro. En el símbolo astrológico de Cáncer, , se ve el germen en estado de semidesarrollo, que es precisamente el estado sutil; se trata, pues, no del embrión corpóreo, sino del prototipo formal a que acabamos de referirnos, y cuya existencia se sitúa en el dominio psíquico o "mundo intermedio". Por otra parte, su figura es la de la u sánscrita, elemen-to de espiral que, en el ákshara o monosílabo sagrado Om, constituye el término intermedio entre el punto (m), que representa la no-manifestación principial, y la línea recta (a), que representa el desarrollo completo de la manifestación en el estado denso o bur-do (corpóreo)6.

Además, este germen es doble en el signo de Cáncer, y sus dos partes idénticas se sitúan en posiciones inversas, representando por eso mismo dos términos complementarios: es el yang y el yín de la tradición extremo-oriental, donde el símbolo yin-yang que los reúne tiene precisamente forma análoga. Este símbolo, en cuanto representativo de las revoluciones cíclicas, cuyas fases están vinculadas con el predominio alternativo del yang y del yin, se halla en relación con otras figuras de gran importancia desde el punto de vista tradicional, como la del svástika, y también la de la doble espiral, que se refiere al simbolismo de los dos hemisferios. Éstos, el uno luminoso y el otro oscuro (yang, en su sentido original, es el lado de la luz, y yin el de la sombra), son las dos mitades del "Huevo del Mundo", asimiladas respectivamente al Cielo y la Tierra7. Son también, para cada ser, y siempre en virtud de la analogía entre "microcosmo" y "macrocosmo", las dos mitades del Andrógino primordial, que generalmente se describe, de modo simbólico, como de forma esférica8; esta forma esférica es la del ser completo que está en virtualidad en el germen originario, y que debe ser reconstituido en su plenitud efectiva al término del desarrollo cíclico individual.

 

7 Estos dos hemisferios estaban figurados entre los griegos por los tocados redondos de los Dioscuros, que son las dos mitades del huevo de Leda, es decir, del huevo de cisne, que, como también el huevo de serpiente, representa el "Huevo del Mundo" (cf. el Hamsa [‘cisne’ o ‘ganso silvestre’] de la tradición hindú). 8 Ver, por ejemplo, el discurso que Platón pone en el Banquete en boca de Aristófanes, cuyo valor simbólico, empero evidente, los comentarios modernos cometen el error de desconocer. Hemos desarro-llado las consideraciones concernientes a esta forma esférica en Le Symbolisme de la Croix. 9 La afirmación de la perpetuidad del Veda debe vincularse directamente a la teoría cosmológica de la primordialidad del sonido (çabda) entre las cualidades sensibles (como cualidad propia del Éter, Akâça, que es el primero de esos elementos); y esta teoría a su vez debe ser puesta en relación con la de la "creación por el Verbo" en las tradiciones occidentales: el sonido primordial es la Palabra divina "por la cual todas las cosas han sido hechas". 10 Por una concordancia muy notable, este esquema es igualmente el de la oreja humana, órgano de la audición, que debe, efectivamente, si ha de ser apta para la percepción del sonido, tener una disposición conforme a la naturaleza de éste.

Es de advertir, por otra parte, que su forma es también el esquema de la concha (sh ankha), la cual está evidentemente en relación directa con las Aguas y se representa igualmente como receptáculo de los gérmenes del ciclo futuro durante los períodos de prálaya o "disolución exterior" del mundo. Esa concha encierra el sonido primordial e imperecedero (ákshara), el monosílabo Om, que es, por sus tres elementos sonoros (mâtrâ), la esencia del triple Veda; y es así cómo el Veda subsiste perpetuamente, sien-do en sí mismo anterior a todos los mundos, pero en cierto modo oculto o envuelto du-rante los cataclismos cósmicos que separan los diferentes ciclos, para ser luego manifes-tado de nuevo al comienzo de cada uno de éstos9. Por otra parte, el esquema puede completarse como representación del ákshara mismo: la línea recta (a) recubre y encie-rra la concha (u), que contiene en su interior el punto (m) o principio esencial de los seres10; la línea recta representa entonces al mismo tiempo, por su sentido horizontal, la "superficie de las Aguas", es decir, el medio, sustancial en el que se producirá el desa-rrollo de los gérmenes (representado en el simbolismo oriental por el abrirse de la flor de loto) después de finalizado, el período de oscurecimiento intermedio (sandhyá) entre dos ciclos. Se tendrán entonces, prosiguiendo con la misma representación esquemática, una figura que podrá describirse como la concha dada vuelta y abriéndose para dejar salir los gérmenes, siguiendo la línea recta ahora orientada en el sentido vertical descendente, que es el del desarrollo de la manifestación a partir de su principio no-manifestado11.

11 Esta nueva figura es la que se da en el Arqueómetra para la letra het, letra zodiacal de Cáncer. 12 La semicircunferencia debe considerarse aquí como un equivalente morfológico del elemento espi-ral a que nos hemos referido antes; pero en éste se ve netamente el desarrollo efectuándose a partir del punto-germen inicial.

13 Ver Le Roi du Monde, cap. XI. Esto tiene igualmente una relación con los misterios de la letra nûn del alfabeto árabe [cfr. cap. XXIII: "Los misterios de la letra Nûn"]. 14 Es una primera distinción o diferenciación, pero aún sin separación de los complementarios; a este estadio corresponde propiamente la constitución del Andrógino, mientras que, anteriormente a esa dife-renciación, no puede hablarse sino de la "neutralidad" que es la del Ser puro [ver Le Symbolisme de la Croix, cap. XXVIII]. De estas dos posiciones de la concha, que se encuentran en las dos mitades del símbolo de Cáncer, la primera corresponde a la figura del arca de Noé (o de Satyávrata en la tradición hindú), que puede representarse como la mitad inferior de una circunferencia, cerrada por su diámetro horizontal, en cuyo interior se contiene el punto en que se sintetizan todos los gérmenes en estado de completo repliegue12. La segunda posición está simbolizada por el arco iris que aparece "en la nube", es decir, en la región de las Aguas superiores, en el momento que señala el restablecimiento del orden y la renovación de todas las cosas, mientras que el arca, durante el cataclismo, flotaba sobre el océano de las Aguas inferiores; es, pues, la mitad superior de la misma circunferencia; y la reunión de las dos figuras, mutuamente inversas y complementarias, forma una sola figura circular o cíclica completa, reconstitución de la forma esférica primordial: esta circunferencia es el corte vertical de la esfera, cuyo corte horizontal está representado por el recinto circular del Paraíso terrestre13. En el yin-yang extremo-oriental, se encuentran en la parte interior las dos semicircunferencias, pero desplazadas por un desdoblamiento del centro, que representa una polarización, la cual para cada estado de manifestación, es análoga a la de Sat o el Ser puro en Púrusha-Prákrti para la manifestación universal14. Estas consideraciones no tienen la pretensión de ser completas, y sin duda no corresponden sino a algunos de los aspectos del signo de Cáncer; pero podrán por lo menos servir de ejemplo para mostrar que hay en la astrología tradicional muy otra cosa que un "arte adivinatoria" o una "ciencia conjetural", como lo piensan los modernos. Hay en ella, en realidad, todo cuanto se encuentra también, bajo expresiones diversas, en otras ciencias del mismo orden, según lo hemos indicado ya en nuestro estudio sobre "la ciencia de las letras"15, lo cual da a estas ciencias un valor propiamente iniciático, que permite considerarlas verdaderamente como parte integrante de la "Ciencia sagrada".  

RENÉ GUÉNON, SÍMBOLOS FUNDAMENTALES DE LA CIENCIA SAGRADA

luis Lovera G.·.

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Respuestas a esta discusión

       ¡Una maravilla Luis! Percibido desde la esencia ..., que distinto es ¡todo! Suena como una cascada suave, de un río manso y sereno. Como si en lugar de todo ese "sinsentido normativo", que tapa y retapa lo verdadero, amaneciera sincero y sin más ... entero, cierto  y pleno, ¡¡ahí está esa maravilla de "Cancer"!!. Preciosísimo espacio de realización y encuentro, el yin-yang contenido, Sat, Sat. 

       ¡Gracias mi amigo! ¡¡Un abrazo fraterno!!

 Gracias a DIOS, por permitirnos  Hacer ¡ ¡ ¡

Un abrazo Para Ti

Luis.-

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