Toda ciencia es predictiva, la astrología tambien lo es
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Astrología culta y erudita
Cuando tenía 11 años de edad, durante mi formación como músico, alternaba mi aprendizaje musical con una observación curiosa del cielo nocturno donde, asistido por un mapa de la bóveda celeste que tenía en una enciclopedia, podía ver en el cielo todo lo representado en esa imagen gráfica. Para esa época yo comenzaba a contactarme con los principios teóricos básicos de la armonía (relaciones entre sonidos de diversas frecuencias) y los conceptos de intervalos musicales (relación puntual entre dos frecuencias), analizados como relaciones numéricas mediante las cuales se pueden establecer criterios tales como los de consonancia y disonancia.
Estos criterios, que en tiempos remotos investigó Pitágoras, me indujeron a explorar estas relaciones más profundamente y construir un monocordio muy rudimentario, aunque útil, para tomar mayor contacto con los intervalos y comenzar a comprender la razón numérica que sustenta la armonía con el lenguaje musical que la incluye. Así, entendí que un intervalo es una relación aritmética entre frecuencias que resulta ser más consonante cuanto más simple es la expresión numérica del mismo. Por ejemplo: el intervalo de octava no es otra cosa que la relación entre dos frecuencias, una de las cuales tiene una periodicidad del doble de vibraciones que la otra. Esto puede expresarse con la simple fórmula: 2/1. Y así, otros intervalos de gran simpleza en su expresión aritmética, como el así llamado quinta justa, también considerado como de gran consonancia, es la relación que hay entre dos sonidos cuya relación de frecuencias es de 3/2.
Resonancias armónicas
Para la física acústica todo sonido genera y contiene un sistema de resonancias, donde cada frecuencia expresa y coexiste con los llamados sonidos armónicos, subsidiarios del sonido de origen. Cada sonido se despliega en otras frecuencias que tienen con la de origen un vínculo numérico que nos remite a la serie de números naturales enteros. La intensidad con que pueden expresarse estos sonidos armónicos disminuye en razón inversa al cuadrado de la distancia de su número de armónico respecto del 1.
Así, el 2º armónico, naturalmente tiene una amplitud o intensidad que respeta esta relación y que, de seguir expresando el sistema, las amplitudes de los armónicos podrían representarse así:
armónico 1: amplitud 1 / 12 = 1
armónico 2: amplitud 1 / 22 = 0,25
armónico 3: amplitud 1 / 32 = 0,111
armónico 4: amplitud 1 / 42 = 0,0625
armónico 5: amplitud 1 / 52 = 0,04
armónico 6: amplitud 1 / 62 = 0,0277
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armónico 12: amplitud 1 / 122 = 0,0069444
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armónico 15: amplitud 1 / 152 = 0,00444
armónico 16: amplitud 1 / 162 = 0,00390625
La amplitud de cada armónico respecto de la frecuencia fundamental o armónico 1 disminuye a medida que el orden de armónicos aumenta y al mismo tiempo disminuye también el intervalo musical. Así entre el armónico 15 y el 16 el intervalo musical es de un semitono, mínimo intervalo en la música de la cultura occidental. Esta es la representación musical de la escala de armónicos, desde el primero hasta el decimosexto, a partir de la nota Do:
Armónicos en un sistema cíclico
Al aplicar el despliegue armónico, tomando como unidad (primer armónico) a un ciclo o espacio susceptible de albergar ciclos, los armónicos se expresan como puntos nodales de la vibración. Para un sistema circular como la Eclíptica, hay un nodo o punto sensible vinculado a la mitad del ciclo y lo que para el sistema musical es la octava, para el ciclo es el hemiciclo, 2º armónico y es exactamente el punto de oposición al de origen del sistema, o 0º de Aries en este caso. En la Eclíptica este punto está ubicado, teniendo el círculo un total de 360º, a los 180º. Y la intensidad o amplitud de expresión de este punto será menor que la del ciclo completo (0º o 360º) que es la conjunción. En qué proporción disminuye la intensidad del aspecto de oposición respecto de la conjunción está pautado, en un principio, por lo enunciado anteriormente al definir la relación cuadrática inversa. Pero también es importante considerar las cualidades específicas de cada cuerpo o punto resonante, que tiene incidencia en la preferencia de hacer resonar en diversa proporción los armónicos desplegados, de acuerdo al material constitutivo del objeto vibrante. Por ejemplo, una cuerda metálica puede “preferir” la expresión de armónicos impares, mientras que en una cuerda de otro material podrían preponderar los pares. De qué material está hecho un cuerpo que oscila determina la característica de lo que, para la física acústica, llamamos timbre. Así, una frecuencia producida por diferentes fuentes sonoras tendrá su timbre o color característico. Y esto es lo que hace que podamos reconocer, por su timbre, al instrumento que produce ese sonido.
Podemos diferenciar, entonces, una flauta de un clarinete que hacen sonar la misma nota o frecuencia con un sistema de resonancias distintivo para cada instrumento. Llevando esta analogía a sistemas vibratorios que estén por fuera del rango audible, como por ejemplo un ciclo de la Luna, no disponemos de criterios que nos asistan en este sentido.
Es muy importante tener en cuenta, además, que cada armónico se constituye como base de una nueva serie armónica, superpuesta a la original. Así el 2º armónico, considerado como base de esta nueva serie despliega su propio sistema resonante, que puede reforzar algunos armónicos del primer sistema, al coincidir numéricamente con el mismo. Por ejemplo: el 2º armónico del 2º sistema coincide con el 4º armónico del 1º, el 3er armónico del 2º sistema, con el 6º del 1º, etc. Así se constituye una organización muy clara, desde la perspectiva de la serie de números naturales y sus relaciones de multiplicidad o subdivisión, según cómo se lo examine.
Dividiendo el ciclo, que puede ser eclíptico, ecuatorial, sinódico, etc., el sistema armónico funciona de igual manera que para la física acústica. El sonido es un fenómeno perceptible por nuestra audición que está limitado y definido por la capacidad fisiológica del oído. Pero más allá del rango audible, todo sistema cíclico replica impecablemente las mismas leyes físicas de la acústica.
Nuestra audición no percibe como sonido un ciclo de la Luna, o del Sol, o de otro planeta o punto sencillamente porque su período se encuentra fuera del rango audible. No obstante, todo el despliegue armónico que es capaz de generar el ciclo como unidad existe y está constituido por puntos nodales ubicados en divisiones del ciclo completo, de acuerdo a la serie de números naturales.
Razón armónica de los aspectos
Como enunciaba Pitágoras: “Todo es número”, dando a entender que todo el Universo, desde la música hasta el movimiento de los planetas, se podía explicar con dichos números y las relaciones entre ellos. De acuerdo con este criterio podemos ubicar nodos en el ciclo que se corresponden con la serie armónica y que generan sistemas resonantes que en Astrología llamamos: Aspectos.
Para el caso del armónico 1 tomamos el ciclo completo, donde el punto de 0º, tomado como punto inicial de un ciclo de un total de 360º es el único nodo y que es, para el sistema de aspectos que estamos examinando, la Conjunción.
Para el segundo armónico debemos considerar dos nodos, uno ubicado en el punto de origen (0º) y otro exactamente en la mitad del ciclo, a los 180º, lo que da lugar a los hemiciclos y en el sistema de aspectos a la Oposición:
Al dividir el ciclo en tres nodos obtendremos el tercer armónico y el aspecto de Trígono:
Redes nodales
Algo muy interesante sucede con los nodos y es que aquellos que forman parte de un sistema funcionan al mismo tiempo y con idénticas características sin importar su ubicación. Por ejemplo, en el gráfico anterior el tercer armónico a partir del punto de origen del ciclo expresa tres nodos: uno a los 0º (0º de Aries) el siguiente a los 120º (0º de Leo) y otro a los 240º (0º de Sagitario)
Todos estos puntos o nodos están entre sí a una distancia de 120º, que es un aspecto de Trígono y al funcionar sólo uno de estos puntos como nodo del sistema, los restantes responden de idéntica manera desde su posición en el círculo de resonancias o ciclo.
A propósito de este fenómeno en particular propongo llamar red nodal al sistema generado por cada armónico.
Para el cuarto armónico, relacionado con el aspecto de Cuadratura, podemos observar el siguiente gráfico representativo:
En este caso el módulo de ángulo o distancia del aspecto de Cuadratura es de 90º y sus nodos se manifiestan cuatro veces a lo largo del ciclo, incluyendo al segundo armónico u Oposición, lo cual es un refuerzo adicional en términos de intensidad para este armónico. También esta red nodal incluye la Cuadratura menguante de 270º.
Analizando el despliegue del ciclo bajo la mirada de distintos sistemas armónicos podemos agrupar estos sistemas de una manera lógica. Lo haremos sólo hasta el armónico doce, ya que más allá de esta división la expresión se disminuye notablemente en intensidad, si bien es posible dividir el ciclo infinitamente.
La división binaria en 1, 2, 4 y 8 genera nodos que pueden articularse entre sí ya que son múltiplos o submúltiplos, unos de otros, y constituyen los aspectos que la tradición nombra como duros, inarmónicos, maléficos, y que, con este tipo de nomenclatura, nos llevan tendenciosamente a una cierta interpretación parcializada por el rótulo que se les asigna. La división del ciclo en 8 nodos origina el aspecto de Semicuadratura (45º) y el de Sesquicuadratura (135º).
Pero la red nodal completa está constituida por los ocho nodos:
0º - 45º - 90º - 135º - 180º - 225º - 270º - 315º
En una división ternaria, en 1, 3, 6, 9 y 12, podemos clasificar aquellos aspectos que la tradición menciona como blandos, armónicos, benéficos e incluso neutros, adjetivando cualidades que, en mi opinión, son imprecisas, además de tendenciosas, como en el caso anterior.
En estas divisiones se manifiestan, además de la Conjunción, el Trígono, el Sextil: 60º, el Nonil, de 40º (también el Binonil de 80º y el Tetranonil de 160º), y los también llamados “aspectos menores” de Semisextil (30º) y Quincuncio (150º)
Recordemos que cada uno de estos aspectos puede formar parte de una o más redes nodales.
De hecho, la Conjunción está incluida en todos estos sistemas y la Oposición en varios de ellos (los originados en divisiones de números pares).
Resta considerar, entre los armónicos del 1 al 16, aquellos sistemas cuya división en nodos se corresponde con la de números primos de la serie:
5: Quintil, 7: Septil y 11: Undecil. La característica en estos casos es que en la red nodal de cada uno de estos sistemas la Oposición no participa, ya que ninguno de estos números es divisible por dos. Cada uno de estos sistemas tiene entonces una expresión característica única, no asimilable a la de las otras divisiones. La división en 10, el Decil o aspecto de 36º es también un sistema nodal asimilable al del Quintil, por ser 10 un múltiplo del 5.
El armónico 12 resulta ser una división armónica del ciclo que incluye una gran cantidad de submúltiplos implicados en su sistema nodal: 1, 2, 3, 4, 6 y 12, lo cual resulta ser excepcionalmente potente, ya que los subsistemas resonantes incluidos, que surgen de los otros armónicos, lo refuerzan considerablemente.
Esta división, sumamente potente, concuerda con la división zodiacal de doce signos y contiene una enorme riqueza de energías y relaciones que se expresan y organizan en forma similar en otros sistemas afines, como la división domal, los aspectos astrológicos, etapas de ciclos, etc.
Ciclos planetarios
Todos los planetas y cuerpos celestes del sistema solar giran alrededor del Sol desplazándose dentro de la franja Eclíptica. Este es un movimiento continuo que se repite una y otra vez completando, en cada giro, un ciclo. La duración en tiempo de estos ciclos depende de la distancia de cada cuerpo al Sol, que es el centro del sistema, siendo los ciclos de mayor duración cuanto más alejados se encuentran de este centro.
Llamamos ciclo planetario al período de tiempo que insume un planeta para completar su regreso a la misma posición de origen en relación al Sol como centro. Este ciclo es importante en la astrología y la astronomía para entender los patrones y movimientos de los planetas de todo el sistema.
Los aspectos no son simples distancias angulares entre puntos, también revelan ser parte de un ciclo en desarrollo, siendo además una manifestación de todo el sistema armónico implícito y resonante.
Los aspectos astrológicos han sido durante mucho tiempo una herramienta fundamental para comprender la dinámica celestial y sus influencias. Sin embargo, más allá de su interpretación tradicional como simples distancias angulares entre planetas, los aspectos revelan una complejidad y profundidad que merecen ser exploradas. En este ensayo, quiero profundizar acerca de la naturaleza cíclica de los aspectos astrológicos, su particular relación con el ciclo como unidad y cómo pueden ser pensados como parte de un sistema armónico resonante.
Los aspectos astrológicos, conjunciones, oposiciones, trígonos, cuadraturas, etc. no son meras posiciones estáticas en el cielo. Cada aspecto es parte y momento de un ciclo dinámico que refleja fases y etapas dentro del ciclo de un cuerpo o punto celeste. Lo mismo sucede con aquellos aspectos que se manifiestan en la relación dinámica entre dos planetas en un ciclo sinódico.
El ciclo planetario es crucial para entender la recurrencia y la significación de los aspectos astrológicos. Cada planeta tiene su propio ciclo, lo que determina la frecuencia y la naturaleza de los aspectos que forma con otros planetas. Este ciclo añade una capa adicional de significado a los aspectos, revelando patrones y ritmos.
Más allá de los ciclos, los aspectos astrológicos pueden ser considerados como parte de un sistema armónico resonante. La astrología ha reconocido desde antiguo que ciertos ángulos entre planetas resuenan con determinadas energías, temas y modalidades.
Los aspectos astrológicos son, pensados desde esta mirada, manifestaciones de ciclos y sistemas armónicos resonantes que reflejan la profunda interconexión del universo. Al explorar esta dimensión de los aspectos, podemos profundizar nuestra comprensión del cosmos y nuestro lugar en él, abriendo camino a una astrología más holística y resonante con las dinámicas celestes.
Como hemos dicho, cuando examinamos cualquier sistema resonante se puede observar que un armónico genera nodos a lo largo de todo el ciclo.
Así, una semicuadratura sensibiliza con la característica propia de este aspecto los puntos que se hallan en 0º, 45º, 90, 135º, 180º, 225º, 270º y 315º. Se despliega y sensibiliza un sistema resonante completo, tal como sucede con los armónicos, examinado desde la física acústica.
Tomando, por ejemplo, el sextil (60º), que es sexto armónico, se puede identificar claramente la resonancia en la misma ubicación en grados en los seis signos del mismo sexo. En diferentes lenguas el concepto de sexo está ligado al número 6. En su raíz indoeuropea significa división o separación, en el Zodíaco hay 6 signos de cada sexo y esto, desde lo etimológico, no es casual. En un sextil, al operar toda la red de nodos del sistema armónico se incluyen también el sextil complementario, ambos trígonos, la oposición y la conjunción, siempre implícita.
Esta red aspectual, así constituida, hace posible combinar lo básicamente ternario, mental y relacional, que es parte de la característica básica del sextil, junto con la fluidez aportada por los trígonos y lo vincular que aporta la oposición, como parte del sistema. Observando el sextil podemos incluir todas las fases del ciclo de esta red armónica: el sextil, para la conjunción de la cual proviene, es una fase que incluye lo gestado en la conjunción, como inicio del ciclo y también del sistema nodal. En el siguiente nodo, que es donde están los 60º, está el primer punto en que se expresa este armónico que despierta a lo vincular, relacional y también mental en su fase inferior o creciente y que nos contacta con estas funciones. En la posición de trígono (120º) se expresa lo propio de esta armonía y recibe la fluidez que le es propia, por desplegarse esta relación en ámbitos de una misma cualidad elemental. En la de oposición (180º) se alcanza la máxima distancia en el ciclo que simboliza también a la máxima expresión de lo originado en la conjunción, se manifiesta también la complementariedad. Al comenzar la siguiente fase estos puntos armónicos se repiten en secuencia inversa. Con las características propias de cada nodo se suceden un nuevo trígono, un nuevo sextil y en la compleción del ciclo, una nueva conjunción, se arriba a la conclusión del ciclo.
Podemos pensar el punto inicial del ciclo como un punto 0º de Aries y descubrir otra analogía: desde este paradigma el sextil tiene, además, particular vinculación con las energías masculinas que provienen de la red armónica que lo incluye. Los nodos de esta red están ubicados arquetípicamente en el inicio de los signos de Aries, Géminis, Leo, Libra, Sagitario y Acuario, todos de energía yang o masculina.
Un aspecto también se vincula con un momento específico, parte del ciclo como unidad, siendo por tanto una etapa en particular del mismo. Al destacar que un aspecto relata una etapa específica dentro del ciclo estamos enfatizando la idea de que cada aspecto es una parte integral de un proceso mayor. Esto refuerza la idea de que los aspectos no son eventos aislados, sino que están conectados y se relacionan entre sí dentro del ciclo, refiriendo tanto al origen del ciclo, como a cada uno de sus nodos.
Por ejemplo:
Un aspecto de conjunción representa el comienzo de un ciclo, donde se establecen las bases para un nuevo proceso o patrón.
Un aspecto de cuadratura podría representar un punto de tensión o desafío dentro del ciclo, donde se requiere una acción o decisión para superar un momento crítico.
Un aspecto de trígono puede representar un punto de armonía y facilidad dentro del ciclo, donde las energías fluyen y se producen resultados positivos.
Al enfatizar la etapa específica que cada aspecto representa dentro del ciclo, podemos observar cómo los aspectos astrológicos están interconectados y cómo cada uno contribuye al proceso mayor del ciclo completo.
Dado que los aspectos se manifiestan, simétricamente, a un lado y otro del hemiciclo, los que suceden antes de los 180 grados u oposición, son de despliegue dentro de la totalidad del ciclo. En tanto que los que se ubican en el segundo hemiciclo, tienen por función el volver al punto de inicio, completando y consumando así el ciclo. Se reiniciará entonces un nuevo proceso recomenzando el mismo esquema y también contando acumulativamente con lo producido en el ciclo precedente.
La simetría que se manifiesta simétricamente en los aspectos a un lado y otro del hemiciclo nos posibilita una comprensión más profunda de la dinámica del ciclo, así como de su particular contribución al desarrollo del mismo.
La idea de que los aspectos antes de los 180º (u oposición) son de despliegue dentro de la totalidad del ciclo, mientras que los que se ubican en el segundo hemiciclo tienen por función el volver al punto de inicio, es una forma posible de interpretar la estructura del ciclo. Esto sugiere que el ciclo tiene una dinámica básica, donde los aspectos ubicados en el primer hemiciclo están relacionados con la expansión y el crecimiento, con la acción y la iniciativa, mientras que los aspectos del segundo hemiciclo lo están con la reflexión y el retorno, la compleción y consumación de un proceso.
Un mismo aspecto, como la cuadratura, puede tener diferentes funciones y significados según su ubicación en el ciclo. Esto se debe a que el ciclo es un proceso dinámico y evolutivo. Y cada aspecto se inserta en este proceso de manera única.
Un mismo aspecto, una cuadratura, por ejemplo, según su ubicación en el ciclo cumple distintas funciones, aunque ambas son el mismo aspecto astrológico, visto desde la perspectiva de la distancia angular.
En el primer hemiciclo, una cuadratura podría representar un desafío o una tensión que surge como resultado del crecimiento y la expansión. En este contexto, la cuadratura podría estar relacionada con la necesidad de superar obstáculos y encontrar soluciones creativas para avanzar en el ciclo.
En el segundo hemiciclo, la misma cuadratura podría representar un desafío o una tensión que surge como resultado de la reflexión y la reevaluación. En este contexto, la cuadratura podría estar relacionada con la necesidad de revisar y ajustar las decisiones y acciones tomadas anteriormente en el ciclo.
En este sentido, es importante considerar el contexto del ciclo al interpretar un aspecto astrológico. Un mismo aspecto puede tener diferentes significados y funciones dependiendo de su ubicación en el ciclo y es importante tener en cuenta esta dinámica para poder acercarnos a una interpretación más profunda.
Ciclos sinódicos
Llamamos ciclo sinódico a la particular interacción entre ciclos de dos planetas. Cada aspecto entre dos planetas en movimiento representa una etapa particular en su relación y reflejan el contexto más amplio del ciclo sinódico que ambos despliegan y comparten.
Al considerar el ciclo completo, podemos entender mejor cómo cada aspecto se relaciona con los otros y cómo contribuye al proceso mayor del ciclo, lo cual nos permite apreciar la dinámica y evolución del ciclo sinódico de manera más integral.
La perspectiva de posicionarnos en el punto 0º de Aries nos permite relacionar los aspectos con el sistema zodiacal de una manera arquetípica. Pero un aspecto o relación no tiene por qué suceder obligadamente en este punto.
Incluso podemos considerar un ciclo sinódico entre dos planetas intervinientes, donde, al estar ambos en movimiento y al completar el ciclo, lo hacen después de cierto recorrido, estando disponibles para iniciar un nuevo ciclo a partir de un nuevo punto de encuentro o Conjunción, ubicado en otro punto del mismo espacio por el que circulan.
El ciclo sinódico se completa, pero los planetas involucrados siguen en movimiento, lo que significa que el ciclo se completa en un contexto dinámico y en constante cambio. Al finalizar un ciclo, los planetas han recorrido un trecho del cielo y han cambiado su posición dentro del espacio cíclico que comparten y recorren.
Esto destaca la importancia de considerar el movimiento continuo de los planetas y la dinámica del ciclo sinódico en un contexto más amplio. Cada ciclo sinódico se inserta en una secuencia más extensa de ciclos y movimientos planetarios, lo que crea una compleja red de relaciones y patrones.
En este sentido, el ciclo sinódico no es un evento aislado, sino parte de un proceso continuo de evoluciones y cambios. Cada ciclo se completa y se renueva, creando nuevas oportunidades y desafíos para el crecimiento y la transformación.
El desplazamiento de los planetas en el ciclo sinódico es una característica fundamental del mismo y tiene su propia dinámica. A medida que los planetas se desplazan y completan su ciclo, la relación entre ellos evoluciona y se manifiesta de manera diferente, revelando nuevas facetas y cualidades de su vínculo, donde dicha relación planetaria se enriquece y se profundiza en cada ciclo, agregando una nueva capa de significado, permitiendo una mayor profundidad y riqueza en la interpretación astrológica.
Este desplazamiento es parte característica del mismo ciclo, particular para los planetas en cuestión y continúa, a su vez, progresando y manifestando otra cualidad propia de este vínculo entre planetas y además completará su propio ciclo, abarcando todos los ciclos anteriores, que progresaron a lo largo del espacio recorrido.
Por ejemplo, cuando Marte y Júpiter completan un ciclo sinódico entre sí, no vuelven a encontrarse en conjunción en el mismo punto de partida en la eclíptica, ya que los ciclos sinódicos de dos planetas no están necesariamente sincronizados con el zodíaco y la eclíptica que transitan.
El ciclo sinódico de Marte y Júpiter es de aproximadamente 816 días. Durante este tiempo, ambos planetas se mueven a través de la eclíptica y completan su ciclo sinódico en un punto diferente al de partida.
Para determinar la ubicación exacta en la eclíptica donde Marte y Júpiter se vuelven a encontrar después de un ciclo sinódico, necesitaríamos calcular la posición de ambos planetas en la eclíptica después de 816 días. Sin embargo, podemos decir que no será en el mismo punto de partida.
Esto destaca la naturaleza dinámica y compleja del ciclo sinódico, y cómo los planetas se mueven y se relacionan entre sí de manera única.
Para calcular el avance en la eclíptica de Marte y Júpiter al completar su ciclo sinódico, necesitamos conocer la velocidad promedio de cada planeta en la eclíptica.
Marte: recorre 0,524° por día (aproximadamente)
Júpiter: recorre 0,083° por día (aproximadamente)
El ciclo sinódico de Marte y Júpiter es de aproximadamente 816 días. Durante este tiempo, cada planeta avanzará en la eclíptica una cantidad determinada de grados.
Marte: 0,524°/día x 816 días ≈ 427,58° o 67,58°
Júpiter: 0,083°/día x 816 días ≈ 67,73°
Al completar su ciclo sinódico, Marte habrá avanzado aproximadamente 67,58° en la eclíptica, mientras que Júpiter habrá avanzado aproximadamente 67,73°. Esto significa que Marte habrá completado casi un ciclo completo en la eclíptica (360° + 67,58°), mientras que Júpiter habrá avanzado aproximadamente 67,73°.
Si ambos planetas comenzaron en el 0º de Aries, después de completar su ciclo sinódico, Marte se encontrará aproximadamente en 67,58° (427,58° - 360°) de la eclíptica, mientras que Júpiter se encontrará aproximadamente en 67,73° de la eclíptica.
Al completar su ciclo sinódico, Marte y Júpiter se encontrarán aproximadamente en el mismo grado de la eclíptica, alrededor de 67,6° (67,58° para Marte y 67,73° para Júpiter). Esto significa que, aunque no vuelven al punto de partida exacto, se encuentran en una posición similar en la eclíptica después de completar su ciclo sinódico.
En un par de planetas, el de mayor velocidad completará su propio ciclo orbital, mientras que el planeta más lento cubrirá sólo una parte del ciclo. Esto significa que el planeta más veloz deberá avanzar lo necesario para alcanzar al planeta más lento y completar así el ciclo sinódico juntos.
Esta dinámica se debe a la relación entre los ciclos sinódicos y los ciclos orbitales de los planetas. El ciclo sinódico es el tiempo que tarda un planeta en volver a la misma posición relativa con respecto a otro planeta, mientras que el ciclo orbital es el tiempo que tarda un planeta en completar su propia órbita alrededor del Sol.
Ciclos orbitales y sinódicos
La distinción entre ciclos orbitales y sinódicos es fundamental para entender la dinámica de los planetas y sus relaciones entre sí.
Los ciclos orbitales se refieren al recorrido de un planeta que completa un cierto espacio circular como, por ejemplo, la eclíptica, mientras que los ciclos sinódicos se refieren al espacio recorrido por dos planetas, partiendo desde su conjunción hasta volver a encontrarse en una nueva conjunción. Estos dos tipos de ciclos están relacionados, pero son distintos y tienen diferentes implicaciones para la astrología y la astronomía.
La precisión en la comprensión de estos conceptos es esencial para evitar confusiones y malentendidos. Al entender la diferencia entre ciclos orbitales y sinódicos, podemos tener una visión más clara y precisa de la dinámica planetaria y sus implicaciones.
Los ciclos orbitales planetarios son individuales y se refieren al recorrido de un planeta sobre la eclíptica o cualquier otro círculo de referencia.
Los ciclos sinódicos son relacionales y se refieren a la relación entre dos planetas.
Los ciclos planetarios son fijos y determinados por la dinámica del sistema, mientras que los ciclos sinódicos son variables y dependen de la relación entre los planetas involucrados.
El ciclo de conjunciones entre Júpiter y Saturno es un ejemplo clásico de un ciclo planetario. Este ciclo se repite aproximadamente cada 19,86 años, cuando Júpiter y Saturno se encuentran en conjunción en la eclíptica.
Al considerar el grado puntual de la eclíptica en el que sucede una conjunción respecto de la siguiente, podemos analizar la relación entre las conjunciones y la posición en la eclíptica.
Cada vez que dos planetas se encuentran en conjunción, el punto de conjunción se desplaza en la eclíptica debido a la velocidad relativa de los planetas. Este desplazamiento puede ser significativo o mínimo, dependiendo de la velocidad relativa de los planetas involucrados.
Al analizar el grado puntual de la eclíptica en el que suceden las conjunciones, podemos identificar patrones y ciclos que se repiten a lo largo del tiempo. Estos patrones pueden ser útiles para entender la dinámica de los planetas y sus relaciones entre sí.
En el caso puntual de las conjunciones entre Júpiter y Saturno, el punto de conjunción se desplaza aproximadamente 117° en la eclíptica cada vez que se produce una conjunción. Esto significa que después de tres conjunciones, el punto de conjunción habrá completado un ciclo de aproximadamente 360° en la eclíptica.
Si después de tres conjunciones sigue habiendo algún desplazamiento en el punto de encuentro, es probable que se necesiten varias series de grupos de tres conjunciones sucesivas para alcanzar un nivel de sincronicidad de mayor precisión.
Cada vez que se produce un desplazamiento en el punto de encuentro, se acumula un pequeño error que se suma al siguiente ciclo. Con el tiempo, estos desplazamientos pueden sumar y requerir un número mayor de ciclos para alcanzar la sincronicidad.
A medida que se acumulan los desplazamientos, pueden emerger patrones más complejos y sutiles en la relación entre los planetas. Estos patrones pueden ser difíciles de predecir y requerir un análisis más profundo de la dinámica planetaria.
La sincronicidad no es un estado estático, sino un proceso dinámico que se desarrolla a lo largo del tiempo. A medida que los planetas se mueven y se relacionan entre sí, la sincronicidad se ajusta y se redefine constantemente.
En resumen, la búsqueda de la sincronicidad es un proceso complejo que implica la acumulación de desplazamientos y la emergencia de patrones de mayor complejidad.
Estamos habituados, por el lenguaje, a entender una palabra singular como unidad, pero si indagamos en el interior de cada unidad, un ciclo para este caso podemos, al aplicar la mirada armónica, acceder a una gran riqueza de significados.
Sergio Blostein - 2025
© 2026 Creado por Jose Luis Carrion Bolumar.
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